Canas y arrugas

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Escucho a la señora M. mientras me relata sus recuerdos de infancia y otras vivencias. La observo y me parece estar viendo la película de su vida.
Me gustaría poderme acercar de otra manera, poder hacerle más preguntas, poder cogerle la mano mientras me cuenta sobre las limonadas que hacía su madre o las charlas de la universidad a las que ha estado yendo hasta hace bien poco.

Cuando salgo de su casa y me miro en el espejo del ascensor, me veo con canas y arrugas, con años en los huesos y recordando los tiempos en los que hacía acupuntura a domicilio para pagarme un viaje a París.

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