Ouch

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154 – 366

En la penumbra de la mañana que amanece con la persiana bajada (oh, mi amor eterno para todo tipo de persianas), me despierto mientras jugueteo con el móvil. Mi pericia se ve puesta en cuestión cuando, sin querer, pongo en reproducción un video de los que almaceno en la memoria, volumen a tope, despertando a Diego.

Ouch.

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