3 de mayo

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Iba subida en el autobús cuando he visto aterrizar un avión, parecía que fueramos a la misma velocidad. Era azul celeste y aterrizaba a las 17:19, echo un vistazo en internet y sí, confirmo que ahí iba Diego. Empieza la emoción. Apenas a 3 minutos de la puerta de la terminal 1 recibo un mensajito que dice que ya está en tierra. En ese momento estoy nerviosa y estoy tranquila, tengo hambre y no me entra un bocado, siento calor y a la vez frío, también me planteo qué prefiero si reirme o si echarme a llorar.

Me coloco frente a la puerta de llegadas. Cuando se abre entiendo que reir y llorar es algo que se puede hacer al mismo tiempo.

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