Astenia primaveral

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Hoy he tenido un momento de bajón increíble cuando estaba a un paso de ir al gimnasio. Bolsa lista, bambas puestas, pero estaba sentada en el sofa al borde del llanto, frustrada de tanta apatía y tan pocas ganas de hacer nada. Por suerte estaba Arjen al otro lado del whatsapp para levantarne el ánimo… (gracias!). A veces, si no voy muy seguido al gimnasio, se me pasa la fiebre-del-ejercicio y tengo que ir a la siguiente sesión con cero ganas.. Y mira por donde que esta semana me he escaqueado en 3 posibles ocasiones. Lo curioso es que en cuanto estoy subida a la bici ya me vienen las ganas, pero es como si, con toda esta astenia encima, los 30 metros que separan mi puerta con la del gimnasio se convirtieran en 30 kilometros.
Al final hoy no he ido al gimnasio pero la depre me ha durado tan poco tiempo como el que he tardado en sentarme en el balcón y dejar que el sol me toque la cara.
Leyendo (al solete) sobre el origen de la sociedad, las claves del desarrollo y la supervivencia de nuestra especie y en combinación con mi fijación por descubrir los entresijos de la fisiopatología humana me doy cuenta de como la astenia primaveral podría ser una respuesta de adaptación a la nueva estación, vaya que el cuerpo quier cambiarte los hábitos y no sabe cómo decirlo.
Después de mi breve depresión veo que me estaba diciendo: tía, quiero aire libre y sol!

Así que a partir de ahora voy a probar de recetar “plein air” a mis pacientes asténicos… A ver qué pasa.

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