Perspectiva de mí misma

73 – 366

Como cada martes, a las 16h llego a la clase de acuarela. Primero, encuentro una buena posición. Después, observo a quienes también me observan. Minutos después comienza una dura batalla contra el efecto de la gravedad sobre mis párpados. Este es el momento más duro, que puede llegar a durar entre 20 y 40 minutos. Se convierte en un duelo, el peso, las miradas de los dibujantes, los parpadeos más largos de la cuenta, el cerebro que se me desconecta, el miedo a dar un cabezazo, a que el profesor me descubra en ese lapso de desconexión. Lo consigo una vez, dos veces. A la tercera, de unos 4 segundos, me doy cuenta de que ha sido suficiente, el espacio justo para una microsiesta. Apenas nadie se ha dado cuenta, pero yo vuelvo a la vida después de hacer la digestión, para volver a ser esa que posa mirando al techo, al infinito entramado de baldositas o a cada uno de los dibujos de mí misma vistos en perspectiva, que es como más me gustan.

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