La verdadera calma

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No puedo negar que hoy ha sido un día muy, muy frustrante. Mil millones de llamadas telefónicas para ir entendiendo poco a poco de qué se trata todo el lío en el que me veo metida hasta el cuello. De manera involuntaria, cuestiones de apellido. Asuntos que me obligan a mirar en esos rincones donde ya hace un tiempo decidí no poner mucha más atención, porque duele y no me trae nada nuevo. Tomo aire y lo dejo ir poco a poco porque, aunque llorar me descarga, estar en cualquier lugar a veces exige un poco de contención.

A medida que van pasando las horas me voy diciendo a mí misma que sí, estas cosas pasan y no sólo eso si no que me está pasando.

Entonces me miro: sigo viva.

Pienso en las próximas horas y veo que tengo una cena con amigas y un postre que preparar. Pienso en las próximas semanas y me digo que no serán mucho más difíciles que las anteriores… que la verdadera calma se demuestra en momentos como estos… y así, poco a poco, voy soltando lastre, dejando de sentirme aplastada por la inmensidad de la tragicomedia que, por momentos, parece mi vida. Llega la noche, miro la foto que hice al levantarme por la mañana y entonces sí, estoy segura, si el sol vuelve a salir mañana, no puede ser tan grave.

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