Autobuses y garrafas de plástico

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Tomar decisiones no siempre es algo fácil. Algunas vienen de manera natural, se podría decir que todo fluye y el resultado final cae por su propio peso. Hoy me he visto en un momento en el que tenía que tomar una decisión, algo bastante trivial pero que en un momento me ha hecho sentir dentro de una encrucizada.

He pasado la noche en casa de Diego y por la mañana quería volver a mi casa en autobús. Tenemos la gran suerte de que hay una línea de bus que nos lleva de su casa a la mía pero la frecuencia con la pasa parece más la de un tren de extraradio que la de un autobús de línea metropolitana. Como decía, he salido de casa de Diego y, como otras mañanas, he bajado la basura (sólo una garrafa de plástico, nada muy grande o molesto pero que requiere del contenedor amarillo, el de reciclaje de plásticos). El contenedor del plástico está a 2 minutos de la parada del autobús, así que primero he pasado por allí para ver cuánto le quedaba para pasar y ha sido cuando (oh, horror!) he visto cómo asomaba por la calle.

En ese momento he tenido que agilizar el proceso de pensamiento y la toma de decisiones, ¿me daría tiempo de ir corriendo al contáiner y volver? ¿valía la pena perder el autobús por reciclar una garrafa de plástico? ¿Y si la dejaba en la papelera que queda justo al lado de la parada de bus?. Para cuando la última pregunta acababa de pasar por mi mente, el autobús ya estaba delante de mi, puerta abierta, esperando a que subiera.

Y me he subido. Garrafa incluida, que ha sido tirada a la basura de mi barrio.

Esta es la historia en la que una decisión te puede hacer pasear la basura de una punta de la ciudad a la otra, como me ha pasado hoy, que me he visto en un autobús de línea a las 11 de la mañana, cargando una garrafa de plástico vacía.

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